Cinismo

Pabel Muñoz L.

“Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables” es la forma en la que el Diccionario de la Real Academia Española define a cinismo y creo que es una de las mejores formas de describir lo que está pasando alrededor del Consejo de Participación Ciudadana y Control y Social. 

Es cínico que quienes apoyaron alegremente una consulta popular para, entre otras cosas, dar paso a la elección de las y los nuevos integrantes del Consejo de Participación Ciudadana hoy no les quieran dejar trabajar solo por el hecho de que quienes fueron electos y electas no son de su simpatía. Y es aún más cínico que quienes actuaron a su antojo, incluso con errores y excesos, desde esa institución estatal hoy se lancen en desesperada campaña para buscar la eliminación del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.

Además del cinismo ¿qué es común a estas dos posturas? Claramente el miedo y el rechazo a que el nuevo Consejo de Participación Ciudadana y Control Social integrado por votación popular haga su trabajo y colabore en la reinstitucionalización del país.

Como las nuevas y los nuevos consejeros no pertenecen a la “crema y nata” de la sociedad ecuatoriana y como su buen nombre no ha sido confirmado y difundido por el discurso oficial y sus medios de comunicación sus potenciales acciones aterran al grupo de poder dominante.

Les aterra el debate y peor aún una decisión contraria al famoso candado constitucional del sacro santo transitorio. Les molesta que se realicen los concursos para nombrar autoridades DEFINITIVAS en las instancias de control y las demás entidades estatales. Les parece INAudito el solo debate sobre la capacidad que tenía o que no tenía el Consejo Transitorio para evaluar, cesar, definir vacancia constitucional y nombrar nuevos integrantes en la Corte Constitucional.

Y claro, también están radicalmente opuestos a que bajo la competencia de control social se rompa el direccionamiento y se puedan investigar denuncias contra aquellos que hoy concentrar el poder del Estado.

Que no quede duda, el problema no es el señor Tuárez, ni el señor Gómez, ni la señora Almeida, el problema es el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social como tal. El problema es que es como sus miembros fueron electos y no designados no tienen pleno control sobre su agenda.

Solo así se explica, por ejemplo, que la candidatura del señor Tuárez fue aprobada por votación unánime del Consejo Nacional Electoral Transitorio y esa decisión no fue impugnada en toda la campaña electoral sino justo antes de la posesión.

Alguien no quiere que el Consejo de Participación actúe ¿adivinen quién?

Ahora bien, lo dicho no me exime de dos comentarios finales. El primero es crítico contra el nuevo Consejo de Participación Ciudadana y su Presidente y consiste en haberse dejado marcar la cancha por las élites políticas y ciertos medios de comunicación. Y el segundo comentario insiste en pedirles que no cedan y no claudiquen, mucho daño se le ha hecho al país en estos dos últimos años. Parar la debacle ya es un primer buen paso, pues recuperar sentido y horizonte aún va a tomar más tiempo; sin embargo, sí se lo puede hacer y su protagonista es uno solo: el pueblo ecuatoriano.

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